lunes, 4 de agosto de 2014

LAS SEIS VIRTUDES CELTAS



Reconstruir una tradición religiosa implica no tan devocionar a los antiguos dioses que quedaron olvidados y volver a celebrar la Rueda del Año, sino también recuperar los valores de nuestros ancestros, de aquellos en los que nos fijamos para saber cómo pensaban y cómo vivían y poder entender su manera de rendir culto y de comprender la Vida. Es por esto por lo que en Céltica Hispano tomamos como pilar ético las seis Virtudes Celtas, y el kredimi que no las acepte o no las cumpla ni se esfuerce por ello, debería replantearse si este camino es el suyo. No hay que confundir esto con ningún tipo de obligación en el sentido en que no existe un castigo por el incumplimiento de las Virtudes Celtas: tan sólo las consecuencias lógicas de estar practicando una religión sin atender a las bases éticas de nuestros ancestros.

Para el kredimi que realmente se sienta identificado con el carácter celta no debería ser difícil el cumplimiento de las Virtudes Celtas, ya que lo más seguro es que de por sí las tenga integradas en su forma de ser y de actuar mucho antes de elegir su camino espiritual. Sin embargo, si el creyente lee esta lista y siente que hay alguna de ellas con la que no se siente demasiado identificado, puede reflexionar sobre ello y tratar de mejorar. Las Virtudes Celtas deben guiarnos en todo momento en nuestra vida y no deben quedar reducidas a ser practicadas en ciertos entornos u ocasiones. 

La primera de estas Virtudes es el Honor. El honor es la virtud que nos lleva a cumplir nuestra palabra y nuestros compromisos de forma férrea, sin excusas, haciendo siempre lo que es correcto. Define además nuestra imagen ante los demás y al pertenecer a una tradición, también hace que nuestro honor refleje la reputación de la misma. Por esto, no sólo debemos ser conscientes de la palabra que damos y los compromisos que adquirimos, sino que si en algún momento alguien vulnera nuestro honor, debemos exigir una retribución, entendida ésta no como un tipo de venganza sino como una manera de hacer que las cosas vuelvan a su cauce. Un kredimi debe ser honorable, mantener su palabra y cumplir sus compromisos, siendo consciente en todo momento de que no hacerlo siempre conlleva consecuencias.

La segunda virtud es la Honestidad. La honestidad está directamente relacionada con la verdad, pues la cualidad de ser honesto implica no recurrir a la mentira para evitar situaciones no deseadas, para no enfrentarse a los problemas o los propios errores ni para cualquier fin que implique faltar a la verdad. Alguien honesto asumirá la verdad y la defenderá aunque salga perjudicado en ello y no mentirá ni manipulará los hechos para esquivar inconvenientes, aceptando las cosas tal y como son y actuando conforme a su pensar y a su sentir. La honestidad, por tanto, se identifica también con la integridad, pues implica la coherencia de nuestros actos y palabras con aquello que pensamos y sentimos. Un kredimi debe respetar y defender la verdad ante sí mismo y ante los demás.


La tercera virtud es la Justicia. La justicia implica que cada cual reciba aquello que le corresponde o pertenece, por eso debemos exigir siempre que esto se cumpla y elevar la voz ante las injusticias. En este contexto no nos referimos a la justicia como serie de normas legales sino a una especie de justicia vital y ética que mantiene el orden y otorga a cada cual lo que merece, sea bueno o malo. Por ello, debemos esforzarnos con nuestros actos porque esa justicia se ejerza también sobre nosotros mismos, aprendiendo de nuestros errores cuando nos llegue lo malo y confirmándonos en nuestros actos cuando recibamos lo bueno. La justicia se relaciona con el concepto de consecuencia, por tanto, el kredimi debe ser consciente de que sus actos siempre dejarán una huella que traerá consecuencias.


La cuarta virtud es la Hospitalidad. La hospitalidad implica proporcionar una buena acogida y recibimiento a aquellos que visiten nuestro hogar, ya sea miembro de nuestra tribu o no. Tenemos constancia del ejercicio de esta virtud entre nuestros ancestros tal como nos dicen Estrabón (“Son ganaderos y pastores y, pese a su fiereza, se muestran hospitalarios con los extranjeros, así como inmisericordes con los criminales y parricidas”, 4, 2-3) y Diodoro de Sicilia (“Los celtíberos son crueles en sus costumbres hacia los malhechores y enemigos pero honorables y humanos con los extranjeros. Aquellos que llegan ante ellos los invitan a detenerse en sus casas y disputan así por la hospitalidad”, 5, 34). Se debe recibir a los invitados con amabilidad y generosidad y atenderles en todo aquello que necesiten. El kredimi, por tanto, jamás dejará fuera de su hogar a quien lo solicite (a menos que existan motivos que atenten directamente contra su honor) y será espléndido con sus invitados.

La quinta virtud es la Lealtad. La lealtad implica no dar la espalda jamás a aquél o aquello que es objeto de la misma por medio de un lazo de amistad, de devoción o cualquier otro que implique el mantenimiento de esta lealtad. El kredimi debe ser leal a la tradición con todo lo que ello implica (divinidades, sacerdotes y el resto de kredimos) pero también ha de demostrar esta virtud en su vida fuera de la religión. Una deslealtad implica directamente el término de traición, que entre nuestros antepasados se castigaba con el ostracismo o incluso con la muerte. Podemos observar el cumplimiento de esta virtud en el concepto de la devotio que los guerreros juraban ante su líder: si éste moría, ellos se quitaban la vida.

Y por último, la sexta virtud es el Valor. El valor es la cualidad que nos impulsa a avanzar o a conseguir algo superando los obstáculos con buen ánimo y por propia iniciativa. El valiente no es sólo aquél que se enfrenta a los enemigos sin mostrarse temeroso sino también el que asume sus errores y sigue adelante, sobreponiéndose a los problemas y perseverando a pesar de ellos para lograr sus objetivos. El valor, además, permite que actuemos correctamente sin temor a represalias de ningún tipo, por lo que el kredimi siempre se mantendrá con la vista al frente, dispuesto a superar cualquier inconveniente sin dejarse vencer por el miedo sino superándolo y creciendo ante él.

Como se puede observar, todas las virtudes implican de una manera u otra al resto, siendo la principal de todas ellas el Honor, pues es la pérdida o ausencia del mismo lo que marca la calidad de la persona. Las definiciones, aunque no son demasiado extensas, son suficientes para comprender la importancia del cumplimiento de las Virtudes Celtas por lo que animo a los kredimos a que hagan un examen de sí mismos para comprobar si interiorizan estas virtudes de forma natural o sin embargo, han de trabajar en alguna de ellas para alcanzarla.

Fuente de 
http://celticahispana.wordpress.com/

Imágenes tomadas de Internet

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